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No te quejes…¡Actúa!

Con la campaña “NO TE QUEJES, ACTÚA”, CEACCU ofrece a los consumidores herramientas para que, además de protestar, reclamen. Por ejemplo, con formularios gratuitos para demandar directamente ante el juzgado a aerolíneas, compañias eléctricas, o de telefonía.

NOVEDAD: Estos modelos son válidos para juicios verbales de cuantía hasta 2.000 euros, en lugar de los 900 contemplados hasta ahora, por la entrada en vigor de la Ley 4/2011 de Reforma de la LEC el 14 de abril.

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Notas de Prensa

ENCUESTA DE CEACCU SOBRE ETIQUETADO ALIMENTARIO

  • CEACCU presenta un estudio sobre los hábitos y opiniones de los españoles ante las etiquetas de los alimentos y una guía práctica gratuita.

La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) ha presentado hoy un amplio estudio sobre las actitudes y opiniones del consumidor español ante el etiquetado alimentario, basado en la encuesta realizada sobre una muestra de 1.600 personas.

¿Qué información buscamos en las etiquetas?, ¿qué datos leemos siempre y cuáles son los que pasan inadvertidos?, ¿entendemos los términos que se utilizan?, ¿nos resultan útiles para decidir nuestras compras?, ¿con qué expresiones nos convencen más las empresas?, ¿nos fiamos de lo que nos dicen?, ¿cómo sería nuestra etiqueta ideal? o ¿cuáles son nuestras quejas?, son algunas de las cuestiones abordadas.

Entre otros, el informe revela los siguientes resultados:

  • EtiquetaNo leemos las etiquetas. Más del 60% de la población española no lee totalmente o lee parcialmente el etiquetado de los productos que compra. Las razones, por este orden son: un 60,4% se queja del exceso de información (“tanta información requiere demasiado tiempo”), el 53,8% del tamaño de la letra del etiquetado (“es demasiado pequeña”) y, finalmente, el 34% apunta como causa la dificultad para entender la información que se ofrece (“las etiquetas son complicadas de entender”).

  • Falta de comprensión: En cuanto a los términos de la etiqueta que se entienden con mayor dificultad, el 52,8% señala a las “frases relativas a sus propiedades saludables” como las más complicadas de entender. Además, el 64,1% afirma que no entiende la práctica totalidad de la información que aparece en el etiquetado de los alimentos.

  • El valor de la información nutricional: A pesar de su escasa comprensión, para los consumidores el “valor nutritivo” del producto se encuentra entre los datos que consideran más útiles de una etiqueta, así lo estiman el 40,4% de los encuestados, después de “caducidad” (que es el más valorado, con un 89,3%) y la “fecha de envasado” (valorado por el 41,4%).

  • Derecho a la salud. La importancia que se le concede a la información nutricional contrasta con la las dificultades que CEACCU ha detectado para identificar conceptos relevantes para nuestra salud. Y es que los compuestos potencialmente más nocivos (grasas trans, aceites vegetales con alta proporción de grasas saturadas como los de coco o palma, sal…) son los que más nos cuesta reconocer:

    • Grasas TransGrasas Trans. Mientras en España la Sociedad de Cardiología pide su prohibición por sus efectos negativos sobre el organismo y en Estados Unidos es obligatoria su identificación en el etiquetado desde 2006, se trata del compuesto más “opaco” para los consumidores.

    • Así se desprende de estos datos: De las expresiones y términos que con más frecuencia aparecen en el etiquetado, aquella cuyo significado menos se conoce es “grasas parcialmente hidrogenadas”. Obtiene, del conjunto de una lista de veinte frases (“colesterol”, “con vitaminas”, “antioxidantes”…) el mayor porcentaje de desconocimiento: el 43,2%. Además, preguntados sobre si una margarina vegetal con la expresión “grasas hidrogenadas” la puede tomar una persona con el colesterol alto, el 60% dice no saberlo.

    • Grasas Saturadas: El 63,1% considera, erróneamente, que las “grasas vegetales” son “siempre” mejores que las grasas animales. Con esta respuesta, los encuestados pasan por alto que tras el término de "aceites vegetales" o "grasas vegetales" empleados en la elaboración de numerosos productos, se pueden esconder los aceites de coco o de palma, ricos en ácidos grasos saturados.

    • La sal tampoco se identifica completamente, pues, al preguntar qué productos debería sacar de la dieta una persona hipertensa, se señalan preferentemente las patatas chips, los embutidos y las aceitunas. Pero menos de la mitad repara en el contenido en sal o en sodio de las conservas de pescado o las bebidas isotónicas (sólo el 26% las considera inadecuadas)  Junto a esto, sólo un 26% de los encuestados sabe que el nivel de sal a veces se expresa mediante la cantidad de "Na" (símbolo del sodio) que contiene.

  • También es preocupante, desde el punto de vista del derecho a la salud, que el 66,4% piense que “los productos lácteos enriquecidos con calcio y vitaminas son más sanos”, sin reparar en el hecho de que, dependiendo de la cantidad de otros nutrientes (grasa, azúcares) no lo sean tanto. Este tipo de respuestas, muestran la necesidad de regular con urgencia los llamados perfiles nutricionales (sistema pendiente de definir, previsto en el Reglamento Europeo sobre Declaraciones Nutricionales y de Salud en el Etiquetado, con el que se advertiría del exceso de grasas, azúcar o sal de un producto si este ostenta una alegación de ese tipo)

  • Nos fiamos de las etiquetas: Curiosamente, a pesar del déficit de comprensión y claridad, a 6 de cada 10 consumidores las frases publicitarias con alegaciones de salud que aparecen en las etiqueta les parecen “bien, porque me informan de las características del producto y me ayudan a elegir” (aunque, al tiempo, prácticamente la mitad de los encuestados –el 49,6%- considera, por el contrario, que estas declaraciones “aumentan el volumen de información en las etiquetas sin aportarme datos de utilidad que impiden que otros datos de interés se lean con claridad”.

  • Los ganchos de las etiquetas: De estas alegaciones publicitarias, las que más animan a la compra según los encuestados son: “Con vitaminas”, “Bajo en colesterol”, “Bajo en materias grasas”, “Natural”•, “Rico en calcio” y “0% de grasas”.

  • Pagar por las promesas de salud. La mayoría de los consumidores (el 61%) declara que no está dispuesto a pagar más dinero por un producto que dice tener valores añadidos para la salud, sin embargo un elevado porcentaje (el 41%) admite sí estarlo. La razón fundamental es que, para ellos, “es beneficioso para la salud”. Destacando, en esta opción, una mayor respuesta por parte de los encuestados más jóvenes.

  • La etiqueta ideal. Preguntados sobre cómo les gustaría que fuesen las etiquetas, el 70% pide que fuesen “más claras”, un 60% que “sólo llevasen información útil” y un 54,9% considera necesario “que tuviesen la letra más grande”.

  • Información en alimentos vendidos al peso. En este caso, las quejas de los consumidores generalizadas: casi dos de cada tres encuestados (el 63%) dice no encontrar suficiente información en los productos que se compran sin envasar (frutas, pescados, carnes…) En ese caso, sólo el 16% pide aclaraciones al vendedor, entre estos sobresalen las mujeres y los mayores de 46 años. Un dato curioso: la mayoría de los “nunca” reclaman en el comercio esos datos ausentes (un 20%) son los hombres y los menores de 30 años.

El etiquetado no sirve

En cuanto a la valoración que CEACCU hace de estos resultados, la presidenta de CEACCU, Isabel Ávila, ha señalo que: “Estos datos demuestran que las etiquetas de los alimentos, tal como están, no sirven. Que, en opinión de los consumidores: contienen demasiada información poco útil, mientras que los datos que realmente se demandan no se encuentran o son ilegibles; que no ayudan para tomar decisiones de compra más saludables y contribuir a la prevención de enfermedades como las cardiovasculares o la obesidad; y que, en general, son confusas y  poco claras”. Y concluyó que “Por lo tanto, podemos decir que el consumidor está comprando un tanto a ciegas.”

Como solución, la presidenta de CEACCU apuntó: “Para mejorar esta situación, no sólo hacen falta campañas de información, sino que es necesario que cambie la normativa en cuestiones como: la obligatoriedad de  señalar la cantidad de sal o azúcar que se contiene un alimento, la naturaleza de las grasas empleadas,  el tamaño, el tipo y color de letra que se utiliza o el lugar del envase donde se deben exponer estos datos”.

Guía Práctica Gratuita

Además, CEACCU ha editado, también, la guía práctica gratuita "¿Sabemos lo que comemos?: Cómo usar la información de las etiquetas de los alimentos", que enseña a leer, paso a paso, las inscripciones que contienen los productos, deteniéndose en aspectos como la interpretación de las tablas de información nutricional.

La guía “¿Sabemos lo que comemos?” puede solicitarse en CEACCU o en cualquiera de sus cuarenta y dos Asociaciones Provinciales. También estará disponible a través de Internet.

Más información:
Yolanda Quintana (prensa CEACCU): Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla / 91 594 50 89

 

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